El asistente en la muñeca: Apple Watch y Live Activities
En una pantalla de 40 milímetros no cabe un resumen. Cabe una frase, y esa frase tiene que ser la correcta.
Un asistente en el móvil compite con todo lo demás del móvil. En el reloj no compite con nada, y por eso es el sitio donde más se nota si acierta o no. También es donde menos margen hay: si mandas tres avisos malos seguidos, el usuario desactiva las notificaciones y ya no vuelve.
La restricción es el diseño
En el escritorio puedes permitirte un panel con cinco secciones. En la muñeca tienes una línea y quizá un botón. Eso obliga a responder antes a una pregunta que en pantalla grande se puede esquivar: de todo lo que sé ahora mismo, ¿qué es lo único que merece una vibración?
En la práctica casi siempre es una de tres cosas: lo siguiente que tienes que hacer, lo que está a punto de vencer, o algo que ha cambiado en un plan que ya habías aceptado. Todo lo demás puede esperar a que mires el teléfono.
Live Activities: útil cuando hay una cuenta atrás
Las Live Activities están pensadas para algo en curso con final previsible —un pedido en camino, un partido, un temporizador—. Encajan bien con la parte del día que tiene forma de cuenta atrás: la reunión que empieza en veinte minutos, la entrega de esta tarde, el trayecto que tienes que salir a hacer.
Encajan mal con todo lo demás. Una Live Activity que muestra "tienes 12 tareas" no está en curso: es un widget disfrazado, ocupa un sitio privilegiado y no cambia. Conviene reservarlas para lo que de verdad avanza solo, y dejar el resto en el widget, que es donde no molesta.
Sincronizar poco y bien
El reloj no debería hablar con el servidor. Debería hablar con el teléfono, y que el teléfono ya tenga los datos. Es más rápido, gasta menos batería y, sobre todo, hace que el reloj siga funcionando cuando no hay cobertura, que es la mitad de las veces que lo miras.
Eso implica decidir qué se envía: no el día entero, sino el trozo pequeño que cabe en pantalla. Un puñado de campos ya resueltos —el texto que se va a ver, la hora, el estado— en lugar del modelo de datos completo para que el reloj lo procese. La lógica se queda en el teléfono; el reloj solo pinta.
El listón
Un buen asistente de muñeca se mide por una cosa: cuántas veces levantas la muñeca y encuentras exactamente lo que ibas a buscar en el teléfono. Si la respuesta es "casi siempre", ha valido la pena. Si es "a veces", el reloj se convierte en otro sitio más donde mirar, que es justo lo contrario de lo que se buscaba.
Puedes ver cómo lo estamos montando en Madrugo, y por qué el resumen del día se calcula antes de que lo pidas en los artículos sobre agenda y tareas.